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El rastreo es una forma de acercarnos a los animales con los que convivimos. Sus recorridos, sus esfuerzos para conseguir alimento, sus escaramuzas, el afán por la territorialidad, sus formas de aseo, hasta sus muestras de alegría. Todas sus actividades pueden quedar recogidas en cualquier elemento que haya tenido la oportunidad de ser testigo del comportamiento de la fauna. Esos testigos nos pueden revelar sus secretos: no sólo la especie que vieron, también qué estaba haciendo, qué motivaciones tenía, qué sabía hacer para satisfacerlas.

Para interpretar sus secretos necesitamos seguir aprendiendo siempre. Por supuesto, sobre la forma de sus patas, dientes, alas, huevos... todo lo referente a sus formas. Pero también son necesarias sus costumbres, y las excepciones a esas costumbres: cuando cambia el hábitat, las condiciones meteorológicas, el tipo de presencia humana...

Rastrear significa seguir aprendiendo.
Es una motivación más para consultar bibliografía, a otras personas, compartir salidas de campo, fotos, y, por supuesto, rastrear supone sorprenderse cuando descubres algo que no te esperabas, pero que las señales indican que sí, ¡ha pasado este animal por aquí!, ¡y ha hecho esto, no me lo puedo creer!

30 jul. 2015

Rastros y señales de alcaudón

Alcaudón dorsirrojo
(Lanius collurio)

                                                          



Entre espigas y espinos, sembrados y cosechados pasan los días de verano con los campos cargados de verdes, amarillos y violetas de cardos en flor.

Y así son las cosas, sales por la mañana con la decisión de buscar rastros de sapo pero se te cruzan y se te cruzan sin parar los preciosos alcaudones.
Pues sin más remedio, hoy toca compartir las "enseñanzas" con las que estos pequeñajos me andan distrayendo.

También quiero resaltar que aunque he podido disfrutar de la presencia de los tres tipos de alcaudón que tenemos en la Península ( sin tener en cuenta Alcaudón chico), dedico esta entrada al dorsirrojo ya que ha sido el más generoso en rastros.

                                               

Los alcaudones son muy llamativos por su colorido, no son nada tímidos y además son muy ruidosos, por lo que no resulta complicado percatarse de su presencia.
Tienen por costumbre empalar algunas de sus presas en las ramas de los espinos, en las de los rosales silvetres o en los alambres de vallas. 



                                                                 
Empala una lombriz en la espina de un endrino mientras sujeta la otra con sus patas.

Lombriz empalada.


Son muy territoriales y suelen tener querencia a posarse en ciertas ramas desde las que tienen una mejor perspectiva para detectar sus presas. El uso continuado de esos posaderos hace que se pueda apreciar  habitualmente  un desgate en la corteza de las ramas más utilizadas o incluso sequedad y ausencia de hojas.




Posadero en rosal silvestre manchado de barro que el alcaudón trae en sus patas de posarse en una charca a coger lombrices.

                                                                       
    A la izq huellas de Andarríos grande y la drch huellas de Alcaudón dorsirrojo.



Sus huellas pueden ser confundidas casi con las de cualquier "pajarito" sobre todo con las de algún piquituerto y otros alcaudones pero, por supuesto, tienen caracteres diagnósticos y se pueden llegar a identificar con algo de experiencia y sobre todo, complementando con otros indicios:

1. Miden unos 3,4 cm de longitud.
2. El dedo I es especialmente corto si lo comparas con las huellas de otros " pequeños pajaritos".
3. Uñas gruesas tirando para cortas.
$. Los dedos II, III y IV están orientados hacia delante presentando un ángulo muy cerrado entre ellos (tipo trepador azul).




Cerca de sus posaderos o las despensas se pueden encontrar, si tienes suerte, sus egagrópilas que muchas veces se quedan entre las ramas y la hierba y terminan por disgregarse antes de caer al suelo. Otras veces son lanzadas desde tan alto que no se encuentra nada mas que restos de escarabajos y algún huesecillo.


                                                                       













Pues esto es todo por ahora y aquí os dejo estas imagenes de un precioso pollo de Alcaudón dorsirrojo.

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           Esta entrada se la debo, como tantas veces, a mis pequeños vecinos, los animales del vallecito donde vivo.


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