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El rastreo es una forma de acercarnos a los animales con los que convivimos. Sus recorridos, sus esfuerzos para conseguir alimento, sus escaramuzas, el afán por la territorialidad, sus formas de aseo, hasta sus muestras de alegría. Todas sus actividades pueden quedar recogidas en cualquier elemento que haya tenido la oportunidad de ser testigo del comportamiento de la fauna. Esos testigos nos pueden revelar sus secretos: no sólo la especie que vieron, también qué estaba haciendo, qué motivaciones tenía, qué sabía hacer para satisfacerlas.

Para interpretar sus secretos necesitamos seguir aprendiendo siempre. Por supuesto, sobre la forma de sus patas, dientes, alas, huevos... todo lo referente a sus formas. Pero también son necesarias sus costumbres, y las excepciones a esas costumbres: cuando cambia el hábitat, las condiciones meteorológicas, el tipo de presencia humana...

Rastrear significa seguir aprendiendo.
Es una motivación más para consultar bibliografía, a otras personas, compartir salidas de campo, fotos, y, por supuesto, rastrear supone sorprenderse cuando descubres algo que no te esperabas, pero que las señales indican que sí, ¡ha pasado este animal por aquí!, ¡y ha hecho esto, no me lo puedo creer!

9 sept. 2015

Huellas de Gavilán

                                         Pequeño cazador




Hay huellas conocidas, huellas que te ilusionan, huellas que te sorprenden y luego están las huellas que hacen que de repente los ojos se carguen de ilusión que revienta y cae por tus mejillas y que te hace saltar de alegría con una sonrisa de oreja a oreja al lado de un charco en una pista forestal.

Es el tipo de huella que nunca encuentras o que pasa desapercibida, que no está en ningún lugar.
Son huellas silenciosas como sus autores.

Hoy no voy a hacer un profundo análisis ni voy a hablar sobre el tipo de rastros que pueden dejar estas aves (eso está escrito ya en muchos sitios) , simplemente haré una pequeña presentación para poder compartir esta alegría que me han dejado las primeras lluvias de septiembre.

¿Empezamos?

Lo primero que quiero destacar es el marcadísimo dimorfismo sexual que podemos encontrar en especies como esta. tal y como se puede ver en la siguiente imagen. Si las huellas de una hembra de gavilán podemos confundirlas con las de una paloma, a las de un macho casi las podemos confundir con las de un mirlo.



Garra de una hembra a la izquierda y de un macho a la derecha.


                                    Principales características





  1. Poseen cuatro dedos con uñas largas y fuertes.
  2. La longitud de las huellas viene siendo de unos 8 cm en las hembras y unos 7 cm en los machos.
  3. Al igual que otras especies de su familia, poseen algunos lóbulos muy prominentes (en este caso en los dedos II y III) que quedan marcados en la impresión de sus huellas. 
  4. El dedo IV suele presentarse abierto hacia fuera de manera que puede llegar a parecer, en ocasiones, casi zigodáctilo.
  5. Se desplazan dando pequeños y cortos pasitos por el suelo.




Y tal como he prometido, no me extiendo mas.
Espero que os guste tanto como yo lo he disfrutado.

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